¿Se vieron Big Fish? ¿Aquella escena en un circo en la que el protagonista camina solo a través de la alegría de la gente, de las bombas y la bulla inentendible? Hoy sentí eso. Y me hizo feliz, muy feliz. Me hacía camino entre las familias de la ciclovía, las parejitas de novios y hasta las celebridades (pues ni idea que hacían los que pasaban en las carrozas, pero saludaban como estrellas hollywoodenses).
Salí temprano con ganas de consentirme. Hoy no era día de pensar en ahorro ni escasez. Mañana pensaré en eso. Hoy es DOMINGO. Caminaba yo con una sonrisa de media boca, esas que se contienen como si dieran pena. Hacía sol y las seis cuadras fueron cortas. Se podía respirar largo, no había afanes. Primer contratiempo: El Corral estaba cerrado. No importa, continué el camino y tocó a Crepes, que aunque segunda opción, no tenía nada malo. La séptima, todavía llena, pero vacía.
Comencé a pensar en lo lindo que sería que fuera toda peatonal todos los días. Luego razoné y comprendí que así jamás llegaría a clase de siete. Pero tal vez sería mejor que todos los días fueran domingo. Claro que sería obvio que en ese caso no estaría aquí. Uyy, eso no tiene lógica. Cállate cabeza. ¿Y si los tengo a todos de vuelta pero también tengo estos domingos de vez en cuando? Entonces, no todos los días serían domingo. Al fin y al cabo que pereza que fuera domingo siempre. Ojalá fuera día de semana siempre, pero sin rutina de semana.
Fruncí el ceño... Soy se las que hace caras cuando piensan. Me reí un poco. Hubo un par de miradas, pero que más da. Estoy sola. Ellos no son nadie. Eso me hizo reir aún más. Tú si no, Laura, estás loca... Hablé en voz alta, lo hago de cuando en cuando. Es que caminar solo es un poco silencioso. Me hace falta la música, y si la tengo, debo cantar. Claro que llevar música tiene ese miedo implícito a que te la arrebaten, pero al fin y al cabo si no la sacas no la oyes nunca. ¿Por qué roban? Yo no les robaría a ustedes por más ganas que tuviera. ¿Cómo hacen con la culpa? Debí traer la música. Traje las fotocopias. Sé que no voy a leer, pero las traje.
A todas estas ya llegué. Adentro está vacio, y se escucha lejos los residuos del desfile y hay como un concierto de salsa. Considero ir, pero sé que me darán ganas de bailar, y tampoco ando en el punto de hacer eso sola. No soy tan patética. Pido la carta. Hay otra señora que come sola, pero creo que es la madre de la mesera. Dos hombres y una señora se sientan al frente. La señora se va y uno de los tipos explica algo sobre unos aviones que se chocarían por el viento si no aterrizaran con mucha distancia entre sí. No me gustó escucharlos.
Al lado mio se sienta, mejor dicho, se postra un tipo de pelo largo, gafas y shorts. Espera un pedido. Sus shorts son muy cortos. Para mí inecentes; primero, por ser hombre; segundo, por ser muy cortos; tercero, por ser Bogotá... Había tantas cosas, pero ese es debate sobre las extrañas opciones de vestir de la gente es uno al que entraré otro día. Y no sólo de la gente de acá, de la gente en general. Me di cuenta que tengo varias opiniones al respecto.
Y leí. Pero claro (ley de murphy), las fotocopias estaban mal grapadas y no me di cuenta sino después de una hoja completa. No hay drama, seguí adelante. Llegó la comida y traté de leer al tiempo, lo cual llevó inevitablemente a ética al curry, la cual me pareció muchísimo más divertida que cuando no tiene condimentos. Tocaba comerse todo, para así no tener que comer por la noche. Uno no sabe el dolor tan terrible de buscar comida a esas horas éste día, hasta que le toca. Es mejor apelar a la pereza y buscar algo que te deje pensando, como decía mi papá (aunque nunca en serio): con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.
Hice tiempo, no quería volver a la casa. Hubo helado de postre, y pérdida de la sombrilla. Eso es un tragedía griega en esta ciudad. Por cierto, estaba lloviendo. Llegué a devolverme en búsqueda del sagrado elemento de protección (no estoy exagerando, un poco tal vez), pero nada. ¿Se la habrán robado? Seriamente, tomaron la sombrilla y me dejaron la billetera. Suerte, supongo.
Así que la vuelta estuvo mojada, pero no mojada incómoda . El agua sólo hizo parte del contexto. Ya no había tanta gente, aunque en el parque todavía se sentía movimiento. Dos señores hablaban en inglés atrás mío. Los ví desde la heladería, donde se comunicaron en español. Me hacía gracia entenderlos, y me sacaron otra sonrisa de media boca. Tengo la curiosidad de saber qué pensarían si supieran que los escucho. Mínimo cambiaron de idioma por comodidad (eran de otro lado, eso se sabe a kilómetros), no por privacidad.
Ya sin darme cuenta se acaba el helado y estoy en la puerta. Y de vuelta al trabajo. Ya me imagino cómo será la próxima semana. Finalmente me acuerdo de nuevo de Big Fish y me doy cuenta que me hizo falta un pedacito de la escena... otro día se parará el tiempo