domingo, 30 de agosto de 2009

Paseo de domingo

¿Se vieron Big Fish? ¿Aquella escena en un circo en la que el protagonista camina solo a través de la alegría de la gente, de las bombas y la bulla inentendible? Hoy sentí eso. Y me hizo feliz, muy feliz. Me hacía camino entre las familias de la ciclovía, las parejitas de novios y hasta las celebridades (pues ni idea que hacían los que pasaban en las carrozas, pero saludaban como estrellas hollywoodenses).


Salí temprano con ganas de consentirme. Hoy no era día de pensar en ahorro ni escasez. Mañana pensaré en eso. Hoy es DOMINGO. Caminaba yo con una sonrisa de media boca, esas que se contienen como si dieran pena. Hacía sol y las seis cuadras fueron cortas. Se podía respirar largo, no había afanes. Primer contratiempo: El Corral estaba cerrado. No importa, continué el camino y tocó a Crepes, que aunque segunda opción, no tenía nada malo. La séptima, todavía llena, pero vacía.


Comencé a pensar en lo lindo que sería que fuera toda peatonal todos los días. Luego razoné y comprendí que así jamás llegaría a clase de siete. Pero tal vez sería mejor que todos los días fueran domingo. Claro que sería obvio que en ese caso no estaría aquí. Uyy, eso no tiene lógica. Cállate cabeza. ¿Y si los tengo a todos de vuelta pero también tengo estos domingos de vez en cuando? Entonces, no todos los días serían domingo. Al fin y al cabo que pereza que fuera domingo siempre. Ojalá fuera día de semana siempre, pero sin rutina de semana.


Fruncí el ceño... Soy se las que hace caras cuando piensan. Me reí un poco. Hubo un par de miradas, pero que más da. Estoy sola. Ellos no son nadie. Eso me hizo reir aún más. Tú si no, Laura, estás loca... Hablé en voz alta, lo hago de cuando en cuando. Es que caminar solo es un poco silencioso. Me hace falta la música, y si la tengo, debo cantar. Claro que llevar música tiene ese miedo implícito a que te la arrebaten, pero al fin y al cabo si no la sacas no la oyes nunca. ¿Por qué roban? Yo no les robaría a ustedes por más ganas que tuviera. ¿Cómo hacen con la culpa? Debí traer la música. Traje las fotocopias. Sé que no voy a leer, pero las traje.

A todas estas ya llegué. Adentro está vacio, y se escucha lejos los residuos del desfile y hay como un concierto de salsa. Considero ir, pero sé que me darán ganas de bailar, y tampoco ando en el punto de hacer eso sola. No soy tan patética. Pido la carta. Hay otra señora que come sola, pero creo que es la madre de la mesera. Dos hombres y una señora se sientan al frente. La señora se va y uno de los tipos explica algo sobre unos aviones que se chocarían por el viento si no aterrizaran con mucha distancia entre sí. No me gustó escucharlos.


Al lado mio se sienta, mejor dicho, se postra un tipo de pelo largo, gafas y shorts. Espera un pedido. Sus shorts son muy cortos. Para mí inecentes; primero, por ser hombre; segundo, por ser muy cortos; tercero, por ser Bogotá... Había tantas cosas, pero ese es debate sobre las extrañas opciones de vestir de la gente es uno al que entraré otro día. Y no sólo de la gente de acá, de la gente en general. Me di cuenta que tengo varias opiniones al respecto.


Y leí. Pero claro (ley de murphy), las fotocopias estaban mal grapadas y no me di cuenta sino después de una hoja completa. No hay drama, seguí adelante. Llegó la comida y traté de leer al tiempo, lo cual llevó inevitablemente a ética al curry, la cual me pareció muchísimo más divertida que cuando no tiene condimentos. Tocaba comerse todo, para así no tener que comer por la noche. Uno no sabe el dolor tan terrible de buscar comida a esas horas éste día, hasta que le toca. Es mejor apelar a la pereza y buscar algo que te deje pensando, como decía mi papá (aunque nunca en serio): con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.


Hice tiempo, no quería volver a la casa. Hubo helado de postre, y pérdida de la sombrilla. Eso es un tragedía griega en esta ciudad. Por cierto, estaba lloviendo. Llegué a devolverme en búsqueda del sagrado elemento de protección (no estoy exagerando, un poco tal vez), pero nada. ¿Se la habrán robado? Seriamente, tomaron la sombrilla y me dejaron la billetera. Suerte, supongo.
Así que la vuelta estuvo mojada, pero no mojada incómoda . El agua sólo hizo parte del contexto. Ya no había tanta gente, aunque en el parque todavía se sentía movimiento. Dos señores hablaban en inglés atrás mío. Los ví desde la heladería, donde se comunicaron en español. Me hacía gracia entenderlos, y me sacaron otra sonrisa de media boca. Tengo la curiosidad de saber qué pensarían si supieran que los escucho. Mínimo cambiaron de idioma por comodidad (eran de otro lado, eso se sabe a kilómetros), no por privacidad.
Ya sin darme cuenta se acaba el helado y estoy en la puerta. Y de vuelta al trabajo. Ya me imagino cómo será la próxima semana. Finalmente me acuerdo de nuevo de Big Fish y me doy cuenta que me hizo falta un pedacito de la escena... otro día se parará el tiempo






martes, 25 de agosto de 2009

¿Nos encontramos?

¿Al almuerzo? ¿O en el break? Uy pero si te queda difícil, no problem, salimos el viernes por la tarde. ¿A dónde? Uff, no sé, lo que quieras yo feliz voy. Total quiero contarte, de Cali, de San Fernando, de Maria y Susi, del Jefferson. ¿Sabés que me encantaba el colegio? Quiero que sepas de la banda, del fútbol, del Barca, de Messi, de Maroon, hasta de los Beatles. Tal vez me puedas acompañar por el póster y por las fotos, claro que hay un par que no quiero que veas, porque todavía no me lo autorizan. Otro día te lo explico.
Quiero llevarte a que conozcas mi casa, a Usaquén, al Crepes de la 39. Así no me toca ir sola los domingos. Te llevo a la Quinta para que veas la suerte que tenemos de no tener que ir sino los sábados. Quiero que tengas mi celular y que me llames, que me tengas en messenger y en facebook, para hablar de cosas tontas y cuadrar los planes de la semana. Y así me puedes hablar cuando quieras, o mejor, déjame un inbox, para que me ilusione cada vez que vea ese (1) contigo. Vámonos de paseo y te cuento, de once y de Kumon, y de Coveñas y Cartagena y Centenario y hasta de Disney, aunque me creas pendeja.

lunes, 24 de agosto de 2009

Am I supposed to get it if you don't say it?

Apparently I am. And the problem is I don't really know what you mean. Or what anybody means, for that matter. A little guidance should be useful, but the harsh reality is you can't fake experience, and that is the only guide you can really get.
A little experience then, would be nice, but it isn't available. So that leaves me with a little prayer to you: can you just tell me? Spit it out, I won't get mad. Have mercy of me and let's talk about it. No games, a little less fun (or maybe the opposite of it). We'll play later, I promise. Or I'll leave you alone. Is that what you want?
I'll meet you whenever, or wherever, I can wait. I won't get hurt if you didn't mean what I wanted you to, hell, what I needed you to. It will set me free, to move on, or better, to stay put with the dream. But say it, and I'll leave the limbo. Allow me to fly, with or without you. I wasn´t made to stand still.
Love,
L.

domingo, 23 de agosto de 2009

Me quedé con los crespos

La luz era escasa y el humo fluía. La conversación fue larga pero era como montar una ola. Cuando llegábamos al fondo era en la orilla y ya no había profundidad. La miraba fijamente y le sonreía mucho, pero no notaba una respuesta. No era fácil, era de las que hay que tomarse un tiempo. No sé si me gustó, pero me quedé con los crespos. No tenía el pelo hecho, estaba de tenis y camiseta. Y no se inmutaba. Pero eran los crespos los que sobresalían, los que la escondían. Qué divertido es jugar al escondite con ellos.

domingo, 16 de agosto de 2009

Espera

Calma, calma... Lo único que faltaba era una de esas frases que inevitablemente tienen el efecto opuesto de su intención. Y la gente siempre las dice. Andrés no se inmutó, aunque sentía a la antítesis de la calma apoderándose de él. Ya eran tres horas después de las once, y no había señales de nadie. Una pobre mujer que tuvo la desdichada suerte de compartir el infame paradero de bus era la que trataba en vano de consolar a aquel extraño que veía retorcerse de la ira a su lado. Confíe en Dios, que sea lo que sea que le haya pasado, fue porque le viene algo mejor...
Andrés no habia concluido nada sobre la presencia de la señora. Por un lado, no le agradaba en lo más mínimo tener que experimentar semejante cosa en público. La vieja, seamos sinceros, era como muy metida, y sus intentos fueron bastante inútiles. Claro que también la compañía sería agradable en caso de que llegara la idea del suicidio o algo por el estilo. Y pues, ¿no se dice que lo que cuentan son las intenciones?

Así que resolvió Andrés hablar. Dijo que si tardaba más de dos horas era porque no vendría nunca más. Pero era de chiste. Hizo esa risita graciosa que hace cuando todo está bien. Yo lo sé. El pobre hablaba más bien consigo mismo, pero le dio una luz de esperanza a la señora que, preocupada, buscaba llegarle al corazón. Creció con la idea de ayudar al prójimo y siempre había esperado la oportunidad de cambiale la vida a alguien. Claramente éste era el momento.

Cuénteme, tranquilo. La señora experimentaba placer ante la situación miserable de Andrés, le despertaba un instinto de heroína, de salvadora. Sabía que ella tendría la oportunidad de pegar los pedazos de este Humpty Dumpty. Así que se fue por la vía de la agresividad pasiva, no quería
perder su confianza y que se alejara.

No es nada, al fin y al cabo era de esperarse. Resonaba en su cabeza todavía la discusión sobre la señora. Al mismo tiempo, quería esperar más, quería un carro varado, un trancón eterno, se contentaría con una excusa simple, incluso con una tonta, como esa de confundí la hora o no pude zafarme a... Pero ya sabía que lo único que lograría sería una decepción mayor.

Repaso en su cabeza la dirección, 46 con 14, 46 con 14... no había margen de error. Así que sacó la mano y, sin despedirse, se montó a lo primero que se le atravesó. Pues tampoco se puede ayudar al que no quiere ayuda... la señora se consoló.
Mientras Andrés se alejaba a una simple cuadra, la 46 A con 14, él esperaba hace más de tres horas. Entendía, lo merecía. No volvería a molestarlo de nuevo. Todo terminaba allí.








jueves, 13 de agosto de 2009

Chat (1)

No tuve clase por la tarde hoy, así que escribí un cuentito (¿?). Disfrútenlo... en especial tú Su, que te gusta leerme, jajaja.
Chat (1)... titila por un segundo y me apresuro a ponerme como offline. Un minuto, tal vez dos, y ya es hora para la entrada triunfal. Y así me siento, como si fuera una fiesta para la que me arreglé por horas y estuviera entrando, solo que con la certeza de que si tendré la oportunidad de que me vea. Y entonces estamos los dos en un mismo lugar, con toda la distancia del planeta entre nosotros. Para mí eso es suficiente para sentirlo, para satisfacer el deseo de estar con él.
Y a eso hemos llegado. Puede sonar ridículo, pero no me molesta este jueguito virtual. Yo sé que es muy posible que no se dé ni por enterado de mis intenciones. Y no me importa. Contemplo con curiosidad la pantalla. La bolita sigue verde. De vez en cuando cambio de pantalla para que mi bolita se torné blanca por un momento y no se dé cuenta que mi único propósito de mantenerla verde es él. Claro que es un esfuerzo futil que no logró hacer por más de un instante.
Algunas veces hago que la bolita sea verde para los demás, no solo para él, pero es un asunto de verguenza; no quisiera que hablando con alguien en común notara que para esa persona no estoy disponible. Otras veces no me muestro para que piense que salí, o que no pienso en él, me hago la difícil.
Y así se pasa el login... por lo menos logró saber dónde está, con quién salió. Y me dan celos, claro, porque ellas si pueden hablarle y sentirlo sin ningún ritual y con toda la naturalidad del mundo. Me pregunto si hablará.
Hasta que por fin llega el momento. Es un sonido bastante sutil el que lo anuncia, casi imperciptible si no se está pensando en ello. Yo siempre lo tengo presente. La euforia inicial asusta. Es tan grande que cuando no es él, la decepción me inunda. Nadie tiene lo que él, no me interesa escribir frivolidades con nadie que no sea él. Todo este mundo frío e impersonal me causa fastidio, pero si él aparece se convierte en algo íntimo y profundo, se siente la conexión.
La primera vez llegó de sorpresa. Por eso tal vez es la que más he disfrutado. ¿Por qué lo hizo? No se habla así no más con alguien a quien no frecuentas. Si llegamos a tener confiaza es lo primero que preguntaré. La conversación se tornó interesante, diferente al hola, q +? de siempre. Hablamos de sueños, de esperanzas.
Las otras veces han sido más casuales, pero no menos extrañas. Es lo que me molesta del medio online, la falta de los gestos y las imágenes. Sus intenciones son ocultas, sus motivos misteriosos. Algo particular, no hay despedidas. No tengo ninguna interpretación sobre este hecho curioso, pero si un deseo: que no sea por indiferencia que las olvida.
Peor que todo es la incertidumbre de un nuevo encuentro. Y mi falta de iniciativa. El ha comenzado siempre. ¿Querrá decir algo esto? Las canciones seguirán sonando, con los solos de guitarra, los beats mal armados y los locos efectos especiales; y no habrá certezas. Este es mi presente y lo disfruto. Ya es suficiente con esto, es más de lo que me esperaba.
Escribo unas frases en el chat, pero no saco la fuerza para el enter. Algunas veces escribo cosas que nunca diría ni escribiría públicamente. Las dejo ahí por un rato, es un poco mórbido, saber que estoy a un enter de exponerme completamente. Esa desnudez del alma que da más pena que un dar un concierto sin ropa ante miles de personas. Luego me apresuro a borrarlo y me pongo a pensar qué tan terrible sería que el temido botón se hundiera sin culpa. De pronto no sería tan malo. Pero eso lo dejo para otro día.
En medio de los dilemas la bolita vuelve a su usual gris. Y más allá del juego y los encuentros/desencuentros y los onlines/offlines queda el mayor de los interrogantes: ¿hay algo más que el aburrimiento y la falta de contactos conectados para que me hable? Y me prometo de nuevo que dejaré de lado el nuevo vicio de estar disponible por si acaso, para no perdermelo. ¿Será que me volverá a hablar? Sin embargo, aunque no lo haga cuando estoy en esta situación entiendo que es el único momento que nos queda, al menos por ahora. La próxima será. O no, esperen, volvió el añorado verdecito fosforecente. Ahora es blanco, ¿qué otra cosa estará viendo, el email, un artículo, un juego? Y gris de nuevo, verde, gris. ¿Le fallará el internet?

domingo, 9 de agosto de 2009

Trabajo

Mientras leo mis dos millones de páginas semanales, me pongo a pensar si en verdad llegarán a tener incidencia en mi vida a largo plazo. Se supone que he llegado a la anhelada especialización del conocimiento en la cual ya no se preocupa sino que se disfruta lo que estudiamos, pero no es exactamente lo que siento que está ocurriendo.

Ojalá sea yo la equivocada y llegue a interesarme en estos temas, que me gustan, pero que no entiendo en su practicidad. Tal vez sea simple pereza.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Miedos

Y es que además de todo lo miedosa que es la vida misma: la incertidumbre del futuro, la constante aparición de obstáculos de todo tipo, y todas esas cosas que están fuera de nuestro control; resulta que debemos temer a nosotros mismos.
Y es que además de que debemos temer a nosotros mismos, resulta que enfrentar a una ciudad es algo que estoy lejos de concebir. La ciudad no conoce cariño y mucho menos entendimiento. Acá todos vamos de afán a nuestro destino y los otros son solo estorbos que nos retrasan. No estoy acostumbrada a mantener un ojo atento, soy de confiarme. Y eso, es predicado, es un terrible error.
A tal punto llegamos que lo correcto es negar nuestra condición humana de entendimiento y apoyo a nuestros congéneres. Yo seguiré con mi idealismo y continuaré con desparpajo y esperando lo mejor. Pero no puedo prometer nada, todavía no me ocurre algo malo.

domingo, 2 de agosto de 2009

First Impressions

La vida sola es algo distinto. La verdad es que es una exageración decir que ésta es una vida sola, pero si he perdido el contacto con mi familia, mis amigos, mi ciudad. Sería un error decir que me entristece haberme ido, pues es mi sueño de infancia. Aunque debo aceptarlo, muy a pesar de mis idealismos y paraísos mentales, que no es del todo el cielo que me imaginaba.

Algo que me afecta más allá de todo es la pérdida de expresión. Es por esto que busco aquí un espacio, el hiatus del día, la conversación amistosa para la cual no tengo todavía receptor. El mundo virtual proveerá oidos atentos a las miles de ideas que se me ocurran.