martes, 9 de abril de 2013

Vi prostitutas

Las vi de cerca, como si fueran un zoológico. Después de un par de pasadas hasta me animé a mirarlas a los ojos, más que todo porque el guía del Tour del Barrio Rojo nos dijo que a ellas les gustaba porque estaban "orgullosas" de su trabajo. Y claro, vi gente fumando marihuana en las calles y entrando con sigilo (porque siempre eran turistas los que lo hacían) a los cofeeshops. Y la verdad, es que me dí cuenta que aquello lo había visto, y varias veces, en cualquier ciudad del mundo. Ámsterdam, al legalizarlo, consiguió que todos llegáramos boquiabiertos a ver los vicios con los que convivimos diariamente.



Bicicletas de la muerte con hambre de turistas llenan Ámsterdam.

Y por esto, son unos malditos genios. El gobierno le saca tajada, y una grandísima, al negocio. Además, aprovecha la doble moral de la gente para atraer a la gran mayoría del turismo que llega a Holanda. Es más fácil llevar un vibrador o una pipa de souvenir que un queso o unos suecos. A veces parece que se pierde un poco la historia de un puerto legendario y lo lindas que se ven las casas torcidas. Porque Ámsterdam es preciosa, no lo duden, así las casas sean negras y las escaleras estén diseñadas para enanos y te saquen morados en las rodillas porque debían caber en las estrechas fachadas que pagaban menos impuestos.


Por cierto, están prohibidas las fotos a las putas. Todos te advierten que terminarás golpeado, sin cámara, o peor aún, metido en uno de los canales, cosa terrible cuando hacen cero grados que se sienten como -8. Es un sitio pintoresco en el cual se ven todo tipo de mujeres: flacas, gordas, jóvenes, viejas, blancas, latinas y hasta en proceso de conversión. Cuídense, hombres con prejuicios, porque el guía nos avisó que cuando terminaba el proceso era prácticamente imposible descubrir que tenían un pasado masculino. 
La casa más estrecha de la ciudad, miren bien.  Ahí viven cinco y dos perros.

Sobre las drogas, Ámsterdam está lejos de ser una olla, pero tampoco es la muestra de que con la libertad de consumo llega la responsabilidad y la paz. Para ser justa, eso es más que todo culpa de los turistas, que se sienten obligados a estar idos sólo porque es legal. Pues bueno, les cuento que probablemente se consigue marihuana en su mercado local sin problema. De hecho, llegué a la conclusión que por eso los holandeses van a toda en las bicicletas, para vengarse de los anormales que sacan los porros con cara de sorprendidos porque "en mi país me arrestarían por eso". Es muy obvio que muchos ciclistas van con el objetivo de atropellar al turista distraído e inocente (no lo lograron, malditos, aunque estuvieron a punto).

Además, si van, piensen también en que esa mentalidad abierta habla muy bien del pueblo holandés y va más allá de las drogas y el sexo. Han logrado resarcir las heridas abiertas por los nazis para disculparse por las ofensas a los abusados. Y finalmente, desconfíen de su espíritu emprendedor. Estamos hablando de uno de los principales puertos del mundo, son negociantes, así que ojo con lo que les ofrecen. Es muy fácil terminar 20 euros más pobre por aprender cómo se hace una Heineken. Piénselo mucho antes de decidir dónde entrar, lo más probable es que si no son muy aficionados al tema del museo, se sentirán estafados. 

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