domingo, 21 de agosto de 2016

Como machos

Los uribistas todo lo escriben en mayúsculas. Son así, poco delicados, gritones, violentos, machotes, simplemente primitivos. Van predicando que Colombia es amor, gritan por la selección y se ponen manillitas de la bandera pero si algo no les gusta no les importa pedir a viva voz que les den bala, que los acaben, que los torturen. Al final uno se da cuenta que así son los colombianos en general, uribistas, que leerán esto y dirán que soy una traidora castrochavista, atea y hasta feminazi, aunque no lo sea. Porque se esconden pero son unos fachos, clasistas, ultra religiosos, racistas y corruptos. Son los que hablan de libertades para todos, con tal que no sean pobres, ni negros, ni ateos o peor, mujeres o maricas. Los que quieren justicia para todos con tal que puedan seguir ellos mismos sacando tajada. Y vaya uno a ponerse a favor de esos otros que no “merecen” ser defendidos, eso es porque uno es pobre, negro y/o mujer o marica y entonces lo que pide es por resentido.

Y es que acá de puertas para afuera somos muy liberales, muy aceptadores, muy segundo-país-más-feliz-del-mundo, muy constitución-más-incluyente-del-planeta. Pero en la realidad, le damos una curul a los indígenas y a los negros que ocupan politiqueros de siempre. Le sacamos noticas a la Mujer Cafam del Año con tal que siempre sepan que su verdadera posición es en la casa y que no se les vaya a ocurrir tener un mejor puesto o sueldo que un hombre y mucho menos opinar sobre sus derechos sexuales y reproductivos. Sacamos homosexuales en la tele para reírnos pero no podemos hablarles porque “se nos pega” y mucho menos reconocerles algo. “Que claro que tienen los mismos derechos, a menos que quieran casarse o tener hijos”. Y adoramos a un grupo político cuyos dirigentes son paramilitares, primos de narcotraficantes, latifundistas y sus esposas descerebradas y nazis criollos. Todos “buenos muchachos”, gente decente de este país. Todavía estoy esperando a que alguien con algún valor intelectual se adhiera a Zuluaga, que parece sólo atrae a personas tipo María Fernanda Cabal, que hoy ocupa un cargo de elección popular importante cuando se nota a leguas que el único salón que ha pisado en la vida es el de belleza y no le fue muy bien allá. Será porque el Procurador no le autoriza a ir a alguno de gays.

Es que es ilógico que el público en general viva más aterrorizado de la guerrilla que de esta mafiecita. La guerrilla es un grupo disminuido que de ser fuerza política, no terminará afectando en nada lo que pase en el Congreso. Los que lo hacen son los parapolíticos, hoy bacrimpolíticos, que siguen perpetuando la verdadera violencia contra civiles que hay en Colombia, porque son ellos los que han masacrado en mayor cantidad a los colombianos. Y con el guiño del Estado. Pero bueno, ellos son de derecha entonces chévere, ¿no? No me crean, pero si somos sensatos y firmamos la paz, veremos a un Timochenko en el Congreso y a un par de jefes de frente en un par de alcaldías en unos cuantos años. Nada que perturbe sus ideales neoliberalistas. Es más, ya hemos tenido personajes de la calaña de Pablo Escobar en las honorables curules, podremos sobrevivir a un comunista vejete echándole puyas al gobierno de turno, lo cual es mejor a tenerlos libres y armados por ahí.
Pero no, que eso pase sería una muestra de impunidad, una falta de justicia. Pero, ¿qué es justicia? Que los maten, que sigamos matando a todos, que todos nos pudramos en la cárcel, aunque probablemente todos esos guerrilleros terminaron en el monte porque la vida no fue justa con ellos y no les dio una mejor oportunidad y les mató a sus padres y a los padres de ellos. Esto es una competencia de qué muerto importa más. ¿Seguimos entonces así en ese círculo vicioso hasta que nos maten a nosotros y le cumplamos la justicia a otro y que a los que dejamos les quede esa carga de vengarnos? Pues sí, porque hicimos lo de los machos y nos dimos y les enseñamos a sufrir como nos hicieron sufrir, así eso nos quite lo poco que nos quedaba de personas.

Porque por más que nos duela, la vida no es justa. Hoy yo tengo cáncer en el cerebro aunque siempre comí bien, no tomo trago ni fumo y he sido buena estudiante y decente persona. Eso no es justo. Yo vi que porquerías de personas a las que ser legítimamente malos no les hace nada en la conciencia, triunfar y ganar más plata que yo y no tener que hacerse quimioterapias y ser amados y respetados. Y entonces, ¿les tengo que desear el mal o la muerte? Lo que vale es lo que yo voy a hacer con mi futuro, que lo que siga no sea malo. Y puede que no haya la revolución kármica que me asegure lo que dentro de mi cabeza me parezca justo, pero seré feliz y tendré una verdadera paz interior. Si la vida fuera justa y saliera como esperáramos, ya estaría en mi propia isla del Caribe con Captain Hook de Once Upon a Time después de volver en nuestro jet de un concierto privado de los Stones en un penthouse de Manhattan. Y tendría diez kilos menos.

Por eso, nunca le daría mi voto a Uribe, o a su Maduro personal encarnado en Zuluaga. ¿Cómo no les parece curioso que el expresidente comparta con su némesis venezolana su forma de cambiar de mando? Es que el uribista es el rey de la memoria selectiva. Yo sí no me olvido que en su gestión en la Aerocivil se pasaba la mayor cantidad de droga en la historia del país, ni que en su Gobernación se formaron los grupos narcoparamilitares que legalmente masacraron a Colombia. Mucho menos que cuando era senador pasó la Ley 100 que hoy hace que sea un auditor económico el que decida si a una empresa le conviene o no dar los recursos para que yo viva. Un tipo en una oficina que si se le da la gana podría decir que no y dejarme morir como se lo hace a muchos otros. No me olvido que cuando fue presidente no le tembló la mano para acusar a un pueblo de guerrillero y ponerle un blanco a San José de Apartadó, una comunidad de paz que se cansó de que los pusieran en medio del conflicto. Y ya me imagino que me dirán que no fue él, que fueron sus subalternos que parece que siempre se le descarrilan. Bueno, entonces les digo que si don micro controlador no sabía, pues menos se merece mi voto porque no es capaz ni de manejar a sus “buenos muchachos”. Pero bueno, de pronto se les fue la mano, de lo machos. 

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