Es importante entender que el sábado se murió
EL hombre del rock. Sin Chuck Berry la música de hoy sería completamente
diferente. Al fin y al cabo, el tipo le dio dos de los primeros hits a los
Beatles y cuando en un tren se reencontraron Keith Richards y Mick Jagger, fue
su música la que les metió en la cabeza la idea de formar una banda.
Eso sin contar el mérito propio del tipo, un
visionario completo. No solo le escribe una canción a Beethoven diciéndole: “Muchas
gracias, pero llegué yo y se te acabó el reinado”, sino que se hizo su propio
mito con Johnny B. Goode. Primero predijo que la música estaba a punto de
cambiar para siempre y luego se proclamó como el profeta sería el líder de una
gran banda que sería anunciada con todas las luces al frente del teatro. Había
que creerle, se lo dijo su mamá.
Aunque él lo hizo ver tan fácil, eso de decirle
a Beethoven que se hiciera a un lado y que le dijera a Tchaikovsky que se
abriera para hacerle campo a los riffs de guitarra acelerada era una locura en
los 40 y 50. Menos para un negro. Imagínense, en ese mundo donde medio país
todavía tenía baños por raza y segregaba hasta las fuentes de agua y los
puestos de los bus, llega un tipo abriéndose de piernas mientras disimuladamente
contaba cómo la pícara Maybellene le “arreglaba el carro” ¡Si casi se mueren
cuando lo hizo Elvis, con su carita de buen muchacho que se iba a la guerra!
Al final a Chuck poco le importó y se hizo
campo en Chess Records, ahí al lado de Muddy Waters, con todos esos grandes que
hicieron méritos para que de Chicago partiera el blues y el rock al otro lado
del charco. Él fue el ídolo de todos los que se convirtieron en íconos de ahí
en adelante. Y siguiendo el consejo que da Keith Richards, siempre hay que
pensar al escuchar algo que te gusta: “¿Quién habrá inspirado a este?”, y
seguir hacia atrás hasta dónde se pueda.
Fue la British Invasion la que le entregó entre
los 70 y 80 su puesto de honor en la historia a Chuck Berry y el resto de los
pioneros. Un poco triste, ya que tocó que los británicos conquistaran de nuevo
Estados Unidos para que se dieran cuenta lo que habían tenido en frente. Tenía
que decirles John Lennon que Chuck Berry era sinónimo de rock ‘n’ roll para que
empezaran a investigar que era él la máquina detrás de lo que hacían Elvis y Bill
Hayley and the Comets.
Berry toda su vida estuvo de tour y tenía anunciado
un nuevo álbum para este año. Sabía de su valor, por eso se promocionaba a él
solo, el lugar le debía proporcionar una banda. Y pues, era Chuck Berry, si el
músico era bueno le debía seguir el paso. Una idea que muchas veces falló, pero
en la mente del terco Chuck, nunca fue culpa suya. De hecho, la maña de medirle
la caña a los que lo adoraban no discriminaba, por eso hasta Bruce Springsteen
tuvo varias veces que adivinar qué diablos era lo que quería tocar, y en una
inducción del Rock ‘n’ Roll Hall of Fame le cambió cinco veces el tono a Johnny
B. Goode en plena actuación televisada.
Y ni se diga del pobre Keith Richards, que
tiene un historial de violencia importante con el único hombre al que no es
capaz de armarle pelea. Una vez le pegó en la cara por acercarse a su guitarra,
lo echó del escenario en Los Angeles y hasta trató de quemarlo. Episodios
que, con todo el desparpajo del mundo, fueron explicados con que Chuck no sabía
quién era al pobre al que se la montó. Así y todo, el sabio de los Stones lo
seguía idolatrando con el alma y llevaba sus desencuentros como una medalla al valor. Si no, la historia habría sido muy diferente,
teniendo en cuenta el gusto de Keef por los cuchillos y las armas.
A Chuck todo se le perdonaba. Por eso seguía
presentándose regularmente hasta la semana pasada. Tenía un toque mensual cerca
a la casa. Todo porque en serio creía en lo que hizo. Por eso el título. Todos
deberíamos inyectarnos un poquito de Berry cuando salimos de la casa. Puede que
nos salgan un par de shows desafinados, pero al menos podemos tratar de “crear
el rock ‘n’ roll”. Cualquiera que sea su versión en nuestro universo.
P.D.: Necesitamos que el guitarrista moderno le eche un ojo al histrionismo de Chuck Berry. Angus Young ya está viejito y pues, hace falta más gente haciendo el duck walk.