martes, 21 de marzo de 2017

Todos deberíamos ser más Chuck Berry


Es importante entender que el sábado se murió EL hombre del rock. Sin Chuck Berry la música de hoy sería completamente diferente. Al fin y al cabo, el tipo le dio dos de los primeros hits a los Beatles y cuando en un tren se reencontraron Keith Richards y Mick Jagger, fue su música la que les metió en la cabeza la idea de formar una banda.

Eso sin contar el mérito propio del tipo, un visionario completo. No solo le escribe una canción a Beethoven diciéndole: “Muchas gracias, pero llegué yo y se te acabó el reinado”, sino que se hizo su propio mito con Johnny B. Goode. Primero predijo que la música estaba a punto de cambiar para siempre y luego se proclamó como el profeta sería el líder de una gran banda que sería anunciada con todas las luces al frente del teatro. Había que creerle, se lo dijo su mamá.

Aunque él lo hizo ver tan fácil, eso de decirle a Beethoven que se hiciera a un lado y que le dijera a Tchaikovsky que se abriera para hacerle campo a los riffs de guitarra acelerada era una locura en los 40 y 50. Menos para un negro. Imagínense, en ese mundo donde medio país todavía tenía baños por raza y segregaba hasta las fuentes de agua y los puestos de los bus, llega un tipo abriéndose de piernas mientras disimuladamente contaba cómo la pícara Maybellene le “arreglaba el carro” ¡Si casi se mueren cuando lo hizo Elvis, con su carita de buen muchacho que se iba a la guerra!

Al final a Chuck poco le importó y se hizo campo en Chess Records, ahí al lado de Muddy Waters, con todos esos grandes que hicieron méritos para que de Chicago partiera el blues y el rock al otro lado del charco. Él fue el ídolo de todos los que se convirtieron en íconos de ahí en adelante. Y siguiendo el consejo que da Keith Richards, siempre hay que pensar al escuchar algo que te gusta: “¿Quién habrá inspirado a este?”, y seguir hacia atrás hasta dónde se pueda.

Fue la British Invasion la que le entregó entre los 70 y 80 su puesto de honor en la historia a Chuck Berry y el resto de los pioneros. Un poco triste, ya que tocó que los británicos conquistaran de nuevo Estados Unidos para que se dieran cuenta lo que habían tenido en frente. Tenía que decirles John Lennon que Chuck Berry era sinónimo de rock ‘n’ roll para que empezaran a investigar que era él la máquina detrás de lo que hacían Elvis y Bill Hayley and the Comets.

Berry toda su vida estuvo de tour y tenía anunciado un nuevo álbum para este año. Sabía de su valor, por eso se promocionaba a él solo, el lugar le debía proporcionar una banda. Y pues, era Chuck Berry, si el músico era bueno le debía seguir el paso. Una idea que muchas veces falló, pero en la mente del terco Chuck, nunca fue culpa suya. De hecho, la maña de medirle la caña a los que lo adoraban no discriminaba, por eso hasta Bruce Springsteen tuvo varias veces que adivinar qué diablos era lo que quería tocar, y en una inducción del Rock ‘n’ Roll Hall of Fame le cambió cinco veces el tono a Johnny B. Goode en plena actuación televisada.

Y ni se diga del pobre Keith Richards, que tiene un historial de violencia importante con el único hombre al que no es capaz de armarle pelea. Una vez le pegó en la cara por acercarse a su guitarra, lo echó del escenario en Los Angeles y hasta trató de quemarlo. Episodios que, con todo el desparpajo del mundo, fueron explicados con que Chuck no sabía quién era al pobre al que se la montó. Así y todo, el sabio de los Stones lo seguía idolatrando con el alma y llevaba sus desencuentros como una medalla al valor. Si no, la historia habría sido muy diferente, teniendo en cuenta el gusto de Keef por los cuchillos y las armas.

A Chuck todo se le perdonaba. Por eso seguía presentándose regularmente hasta la semana pasada. Tenía un toque mensual cerca a la casa. Todo porque en serio creía en lo que hizo. Por eso el título. Todos deberíamos inyectarnos un poquito de Berry cuando salimos de la casa. Puede que nos salgan un par de shows desafinados, pero al menos podemos tratar de “crear el rock ‘n’ roll”. Cualquiera que sea su versión en nuestro universo.


P.D.: Necesitamos que el guitarrista moderno le eche un ojo al histrionismo de Chuck Berry. Angus Young ya está viejito y pues, hace falta más gente haciendo el duck walk.      

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