jueves, 4 de octubre de 2012

La fuente sí es mágica

Cuando uno llega a un país para quedarse un año no se piensa en conocer la ciudad. Primero hay mil cosas que solucionar de NIEs, NIUs, matrículas, pagos, alquileres y lo que vaya surgiendo en el camino. Es malo, porque uno no puede hacer un plan definido para conocer. Al mismo tiempo, es mejor porque uno deja que la ciudad misma lo sorprenda.

En un día particularmente largo, que dediqué a la búsqueda de "pisos", tuve una cita para ver un cuarto a una cuadra de Plaza España. Dos gordos de dudosa higiene pretendían que pagara 300 euros más gastos por un cuarto sin sábanas ni ventanas y un baño sin aro en el inodoro (el sueño de toda niña cuando imagina Europa). Lo bueno es que, después del susto inicial, dejé hablando solo al gordo y subí por la Carrer de Mexic a ver qué había allí. Efectivamente, un museo y gratis, el CaixaForum. Digamos que por algo es gratis. Son exposiciones temporales bien armadas que llaman la atención. Sin embargo, el turista con afán pierde su tiempo, a pesar de lo mucho que se valora no tener que pagar algo por estos lares. Uno puede darse una vueltica de quince minutos para ver el edificio, una antigua fábrica textilera encargada a Puig i Cadalfach, pilar del modernismo. Esa historia, congelada en un par de placas a la entrada, vale más que detallar exposiciones medio rebuscadas sobre vinerías catalanas o la historia de los rascacielos.

Sin querer queriendo, terminé trepada en Montjuic. Barcelona está frente al mar, tiene una playa de mentiras y un montecito justo al pie que limita con el vecino pueblo de L'Hospitalet. En Montjuic hay de todo, aunque todavía no he ido a nada: Estadio Olímpico (ahí jugó el Espanyol hasta que construyó su propio terreno), museos, castillo, funicular, jardín botánico, parques y un teleférico que sale de la playa en Barceloneta.
Plaza España se conecta con Montjuic por la Avinguda Maria Cristina, que termina en la base del monte. Desde ahí uno puede subir por varias escaleras eléctricas hasta llegar al Museu Nacional d'Art de Catalunya, un palacio en el tope de la montaña.

Claro que lo que vale la pena hacer es ver la Font Magica. No lo sabía, porque simplemente terminé en frente de una fuente apagada mientras miles de personas buscaban puesto cuando comenzaba a anochecer. Me senté justo al frente esperando a ver qué pasaba. Agua por todas partes, luces y mil tontos que en vez de ver y callarse se preocuparon más porque el video les funcionara. Dudo mucho que haya algo que asombre más en esta ciudad.

Me alegro mucho de ser una ignorante y haber llegado sin saber que ese es el espectáculo para ver en Barcelona. No tenía idea que se construyó para la Exposición Mundial de 1929 y que fue restaurada par mostrar poderío mundial en los JJOO de 1992. Es un show en todo el sentido de la palabra, con fuentes que se activan desde la cima de la montaña hasta conectarse con la Plaza España. Música y tranquilidad, cuando uno logra un puesto aislado donde no haya mucha gente y vendedores de latas. Mójense, que así se siente que es de verdad, y son pocos los que se atreven a acercarse. Y es que cuando uno lo ve por sorpresa después de un largo día, se le pasa la angustia de no tener casa, de estar solo en un lugar extraño y de no saber qué diablos hay por delante.


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