No tuve clase por la tarde hoy, así que escribí un cuentito (¿?). Disfrútenlo... en especial tú Su, que te gusta leerme, jajaja.
Chat (1)... titila por un segundo y me apresuro a ponerme como offline. Un minuto, tal vez dos, y ya es hora para la entrada triunfal. Y así me siento, como si fuera una fiesta para la que me arreglé por horas y estuviera entrando, solo que con la certeza de que si tendré la oportunidad de que me vea. Y entonces estamos los dos en un mismo lugar, con toda la distancia del planeta entre nosotros. Para mí eso es suficiente para sentirlo, para satisfacer el deseo de estar con él.
Y a eso hemos llegado. Puede sonar ridículo, pero no me molesta este jueguito virtual. Yo sé que es muy posible que no se dé ni por enterado de mis intenciones. Y no me importa. Contemplo con curiosidad la pantalla. La bolita sigue verde. De vez en cuando cambio de pantalla para que mi bolita se torné blanca por un momento y no se dé cuenta que mi único propósito de mantenerla verde es él. Claro que es un esfuerzo futil que no logró hacer por más de un instante.
Algunas veces hago que la bolita sea verde para los demás, no solo para él, pero es un asunto de verguenza; no quisiera que hablando con alguien en común notara que para esa persona no estoy disponible. Otras veces no me muestro para que piense que salí, o que no pienso en él, me hago la difícil.
Y así se pasa el login... por lo menos logró saber dónde está, con quién salió. Y me dan celos, claro, porque ellas si pueden hablarle y sentirlo sin ningún ritual y con toda la naturalidad del mundo. Me pregunto si hablará.
Hasta que por fin llega el momento. Es un sonido bastante sutil el que lo anuncia, casi imperciptible si no se está pensando en ello. Yo siempre lo tengo presente. La euforia inicial asusta. Es tan grande que cuando no es él, la decepción me inunda. Nadie tiene lo que él, no me interesa escribir frivolidades con nadie que no sea él. Todo este mundo frío e impersonal me causa fastidio, pero si él aparece se convierte en algo íntimo y profundo, se siente la conexión.
La primera vez llegó de sorpresa. Por eso tal vez es la que más he disfrutado. ¿Por qué lo hizo? No se habla así no más con alguien a quien no frecuentas. Si llegamos a tener confiaza es lo primero que preguntaré. La conversación se tornó interesante, diferente al hola, q +? de siempre. Hablamos de sueños, de esperanzas.
Las otras veces han sido más casuales, pero no menos extrañas. Es lo que me molesta del medio online, la falta de los gestos y las imágenes. Sus intenciones son ocultas, sus motivos misteriosos. Algo particular, no hay despedidas. No tengo ninguna interpretación sobre este hecho curioso, pero si un deseo: que no sea por indiferencia que las olvida.
Peor que todo es la incertidumbre de un nuevo encuentro. Y mi falta de iniciativa. El ha comenzado siempre. ¿Querrá decir algo esto? Las canciones seguirán sonando, con los solos de guitarra, los beats mal armados y los locos efectos especiales; y no habrá certezas. Este es mi presente y lo disfruto. Ya es suficiente con esto, es más de lo que me esperaba.
Escribo unas frases en el chat, pero no saco la fuerza para el enter. Algunas veces escribo cosas que nunca diría ni escribiría públicamente. Las dejo ahí por un rato, es un poco mórbido, saber que estoy a un enter de exponerme completamente. Esa desnudez del alma que da más pena que un dar un concierto sin ropa ante miles de personas. Luego me apresuro a borrarlo y me pongo a pensar qué tan terrible sería que el temido botón se hundiera sin culpa. De pronto no sería tan malo. Pero eso lo dejo para otro día.
En medio de los dilemas la bolita vuelve a su usual gris. Y más allá del juego y los encuentros/desencuentros y los onlines/offlines queda el mayor de los interrogantes: ¿hay algo más que el aburrimiento y la falta de contactos conectados para que me hable? Y me prometo de nuevo que dejaré de lado el nuevo vicio de estar disponible por si acaso, para no perdermelo. ¿Será que me volverá a hablar? Sin embargo, aunque no lo haga cuando estoy en esta situación entiendo que es el único momento que nos queda, al menos por ahora. La próxima será. O no, esperen, volvió el añorado verdecito fosforecente. Ahora es blanco, ¿qué otra cosa estará viendo, el email, un artículo, un juego? Y gris de nuevo, verde, gris. ¿Le fallará el internet?
No hay comentarios:
Publicar un comentario