La luz era escasa y el humo fluía. La conversación fue larga pero era como montar una ola. Cuando llegábamos al fondo era en la orilla y ya no había profundidad. La miraba fijamente y le sonreía mucho, pero no notaba una respuesta. No era fácil, era de las que hay que tomarse un tiempo. No sé si me gustó, pero me quedé con los crespos. No tenía el pelo hecho, estaba de tenis y camiseta. Y no se inmutaba. Pero eran los crespos los que sobresalían, los que la escondían. Qué divertido es jugar al escondite con ellos.
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